NO TEMAS CONVERTIRTE EN PRIORIDAD

por | Jun 5, 2026 | TUS PENSAMIENTOS SON SEMILLAS | 0 Comentarios

Hoy es sábado,  a pesar de estar todo cubierto de niebla comienza oficialmente la primavera y me apetece salir aunque no haga sol.

Recibo un mensaje de mi hermano para decirme que en el día de hoy no está disponible para poder venir a cuidar a mi madre.  Por lo tanto, no voy a hacer planes, ya que por enésima vez, van a tener que postergarse. Así que deberé conformarme con tener ratos sueltos para disfrutar de mis aficiones, eso sí, con continuas interrupciones.

En uno de los trayectos que hago diariamente en coche, paso por delante de un bosquecillo de abetos, donde voy a caminar. Me llama la atención el tronco de uno, desprovisto de todas las ramas, porque lo alcanzó un rayo; a pesar de dejarlo sin follaje ahí está, cubierto de hiedra que lo ha ido abrazando con los años.  Y es que hay amores que matan.

Me recuerda la leyenda del árbol de la Vida, historia contada por nuestros antepasados más antiguos. Primero en las cuevas y posteriormente en las cabañas, las  mujeres eran  las encargadas de mantener encendida la lumbre y guarecer a niños y viejos del frio invernal; Mientras los hombres desafiaban la naturaleza y salían a cazar, ellas cuidaban todo el ciclo de vida, del nacimiento a la muerte, desde atender a la parturienta y dar la bienvenida al nuevo ser, hasta amortajar y ungir  a los muertos con aceites de  sarmiento, siendo plañideras de aquellos  que abandonaban el  mundo físico. Junto al crepitar del fuego revisaban sus viejas costumbres mediante cuentos y leyendas que los mayores trasmitían a los nuevos descendientes.

Las mujeres han sido las responsables de haber transmitido de generación en generación la faceta creativa del contar historias, cánticos y poemas sobre historias de vida y  hazañas de aquellos hombres que nos precedieron y nos cuidaron a su manera, pero que sin duda, sin ellos no habríamos llegado hasta aquí.

Cuentan las leyendas primitivas que existía un oficio mágico para regenerar la tierra, regándola con energía vital para que diera frutos.  En las libaciones se hacían ofrendas con vino, aceite, miel y la sangre de animales, pero antiguamente  había otro elemento mucho más poderoso, el esperma humano,  que todos e esos pueblos tenían en abundancia.

Las historias de vida hablan de árboles y prácticas mágicas que se pierden en el origen de los tiempos. Aquellas gentes iban al claro del bosque a cavar un enorme hoyo en el que plantaban el tronco de un árbol, pelándolo de todo follaje hasta dejarlo como un inmenso falo, al que regaban luego con el esperma humano de los habitantes masculinos del lugar.  Ellos pensaban que lo que entregaban generosamente a la Tierra, su energía vital, era lo que iba a revertir en primavera en fructíferas cosechas.

Es cierto que hemos evolucionado y mucha tela hemos cortado desde entonces, pero mantenemos la misma esencia de la vida; de manera mucho más trivial, ¿acaso no regamos nuestras plantas y las abonamos con nutrientes y minerales para que reverdezcan y recuperen fuerza?

La naturaleza siempre ha sido la protagonista de cualquier celebración.

Así que cuando algun día tengo mal talante como hoy, me marcho a dar una vuelta por ese bosquecillo de abetos y así se me disipa el mal humor. A medida que voy caminando entre la niebla suelto toda mi congoja. Y además, me inspira escribirte un artículo como el de hoy.

Mi madre hace bastantes días que me contesta mal, se enfada y desconfía de mí y dice cosas que me ofenden. ¿Eso también te ocurre a ti? Sé que no soy la única en pasar todo eso. En la demencia, pasan cosas que duelen no solamente para quien tiene la enfermedad, sino también para el que cuida.

No eres la única, o el único.  Yo también soy la mala de la película, la que piensa y dice que no puede más… en voz alta cuando me enfado y a mi misma en muchos momentos cuando estoy sola. Soy también la que toma la mayoría de decisiones.   La que piensa, ¿voy a ser capaz de llevar todo esto adelante? Soy la mala porque soy la que insiste con el tema de la medicación, la higiene, la que pone normas, ir a la peluquería, al podólogo o hacer gestiones, también la que pierde la paciencia algunas veces, la egoísta que busca tener algunas horas el fin de semana después de pasar toda la semana cuidándola… mientras otros aparecen cuando les conviene y opinan desde la postura cómoda de estar mirando las cosas detrás de la barrera, desde un segundo plano.

Créeme si te digo que no temas convertirte en una prioridad. No sé si tienes ganado el cielo haciendo lo que haces porque no sé si el cielo existe, pero haz lo que te dicte tu conciencia, ni más ni menos. Aprovecha los buenos momentos, el tiempo muerto que a veces ofrece el hecho de cuidar, para hacer algo interesante y que te llene de satisfacción.

En mi caso concreto, salgo a caminar. Si no hace sol, también salgo, al menos hago ejercicio y ordeno mis pensamientos. También escribo. En estos momentos de calma me doy cuenta que comienzo a responder, en lugar de reaccionar. Porque la mente es como el agua: cuando hay turbulencia, es difícil ver; cuando está en calma, todo se aclara. Así que mira más allá del tema personal. Dedica tiempo a reflexionar no sobre lo que ves, sino por qué lo ves.  Eso no quita el cansancio, pero te libera del dolor al sentirte atacado, o rechazado o criticado por la familia.

No eres el malo o la mala: eres simplemente el que ve lo que los otros no quieren ver; el que sostiene las 24 h, cuando nadie sostiene, ni mira ni quiere mirar y se desentienden y se ocupan de vivir sus vidas.

En muchas familias, el egoísta, el malo o la mala es quién ve más allá de lo que los otros ven, el que carga con la responsabilidad, el que vive con los pies puestos en la tierra.

En la demencia la enfermedad afecta a áreas del cerebro encargadas de regular las emociones, comprender consecuencias de sus acciones y tolerar la frustración.  Y no es que no te quiera ni que no valore lo que haces, sencillamente no puede procesarlo como antes.

En cuanto a esa familia que minimiza tus logros, que cuestiona tu papel como persona cuidadora, y donde el respeto hacia a ti aparece cuando conviene… eso sí que no es demencia, pero ¿Qué hay que hacer con todo ello?

De la misma manera que cuidar a otro desgasta, Hay que asumir que hay miembros en las familias que no cuidan, que hieren a nivel emocional y que como tal, tiene sentido alejarse temporal o definitivamente de ellos. Creo que cada cual tiene derecho a elegir qué quiere hacer; muchas veces va sobrado de motivos. La familia uno no la elige, pero si puede elegir la relación que tiene con ella.   Muchas veces la paz, por encima de todas las cosas es una prioridad.

Así que haz de tu paz y tu bienestar una prioridad. Establece la paz en tu mente como tu objetivo más alto, y organiza tu vida en torno a ella.

Porque una persona que se respeta, es la que reconoce que algo le hace daño y es capaz de detenerlo aunque eso incomode y no cumpla las expectativas que tienen los otros.

Mereces vivir con calma, con claridad y dignidad. Ya tienes bastante con vivir o atender a una persona con demencia muchas horas.

Cuidarse no es egoísmo, sino madurez; el amor propio no se negocia ni siquiera con la familia, porque a pesar de ser lazos de sangre, hay amores que matan como la hiedra que invade a ese pobre abeto.

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